El objetivo principal de esta publicación y el profundo sentido profesional del autor, es el de colaborar con las personas en esa tarea tan complicada pero al tiempo apasionante, que es la Dirección de Empresas. Pretende ser un manual de reflexión que sea rápido de leer y al mismo tiempo rico en ideas.

También sería especialmente gratificante para el autor, que sirviera para despertar en los jóvenes su espíritu emprendedor y animarles a que se conviertan en futuros empresarios. La cultura emprendedora se debería potenciar desde corta edad, ya que la tónica general en nuestro país ha sido la de inculcarnos desde la infancia que debemos estudiar para luego trabajar, o bien en una empresa por cuenta ajena o en la Administración. Si durante toda nuestra infancia y adolescencia hemos sentido este mensaje, es muy difícil que una persona cuando adquiera la mayoría de edad, piense en iniciar una actividad emprendedora, sencillamente porque no está preparada mentalmente para ello. Nuestro sistema educativo, o al menos una gran parte de los centros que lo componen, siguen “fabricando” mano de obra y por tanto seguimos siendo un país que depende de la inversión extranjera. Parece mentira que después de 50 años de haber llevado a cabo nuestra peculiar revolución industrial, no hayamos aprendido a dignificar y potenciar la actividad emprendedora. El concepto de Dirección de Empresas, encierra una gran riqueza en su contenido que a veces puede pasar desapercibida. Cuando hablamos de empresa, realmente estamos refiriéndonos a dos conceptos: por un lado a la intención de llevar a cabo un proyecto, basado en una idea y que se materializa en la elaboración de productos o la prestación de servicios para satisfacer necesidades y por otro la organización de recursos y de personas, necesaria para afrontar con éxito el proyecto. Podríamos decir que el concepto de empresa está compuesto por el mundo de las ideas y por el mundo de la ciencia y que ambos mundos deben encajar para generar el éxito, entendido como la capacidad de alcanzar los objetivos que previamente han sido planificados. Las principales líneas de la actividad Directiva se deberían centrar en la sostenibilidad financiera, el crecimiento controlado, una óptima Dirección de Personas y la consolidación en el mercado internacional.